Ayer desembarcó la “Armada” en el Tenis o, más bien, los responsables de que la “Armada” exista. Llegaron como de puntillas, sin hacer ruido, y seguro que se irán de la misma forma, pero con un montón de datos debajo del brazo. Al fin y al cabo, son los responsables de que la “Armada” tenga suficientes relevos por mucho tiempo. Secretaría Técnica, Coordinación de Escuelas Territoriales y Dirección del C.A.R. de la Federación Española están en Pamplona para ver lo que hacen estos locos bajitos de la raqueta.
El Goofy es un buen foro de opinión sobre el tenis en general. Aquí todo se comenta, desde cómo sacar con más potencia, hasta la locura de aquel padre que le hizo a su hija odiar el tenis, pasando por la final del último Roland Garros. Y todo eso bajo un calor que no cesa y que hace devorar las botellas de agua y de zumos.
Hoy se juegan los cuartos de final sin representación navarra. Se acerca el final y todo empieza a ser más serio y los partidos más largos. Aquí ya no se relaja nadie porque se sabe que el Goofy es uno de los referentes de la Federación Nacional de cara a dar a un jugador lo que se merece. Lo importante es que nadie se sienta observado, pero eso no es fácil.
Los jugadores a jugar y los observadores a observar. Viva la “Armada”.
Josemari Sexmilo
9 de Junio 2004
Publicado en Diario de Navarra (10.JUN.04)
Tennisbat sólo pretende archivar las opiniones de Josemari Sexmilo sobre el mundo del Tenis mundial, nacional y local. El autor, Entrenador Nacional de Tenis, agradece a quienes acceden al blog para escuchar a este Técnico con el fin de aprender un poco más sobre esta disciplina deportiva o, simplemente, para entretenerse. A todos, gracias.
miércoles, 9 de junio de 2004
martes, 8 de junio de 2004
EL GOOFY
Para los que no lo sepan, el Trofeo Sport Goofy ya no se llama así; es “el Goofy”. El Goofy es el campeonato estrella del año para los jugadores de 14 años. El Goofy tiene gancho, relevancia, tradición y todo eso que tienen los campeonatos importantes. Es el torneo que se juega con la curiosidad de lo nuevo.
Generalmente, el Goofy sólo se juega una vez en la vida. Pocos son los que disputan dos ediciones y eso, como todos los torneos de edades, le aporta algo especial.
En el Goofy hay nervios, nivel, ilusión y regalos, muchos regalos. Los jugadores reciben un montón de esas cositas como gorras, camisetas, mochilas, toallas y todos esos artilugios que los de Disney y todos los americanos se han empeñado en denominar merchandising. Es una excelente aportación de la generosidad del sponsor.
Ayer hizo mucho calor pero no se derritió nadie. Parece que los chavales están cada vez mejor preparados y aguantan lo que les eche el contrario y el hombre del tiempo. Desde fuera parece muy difícil soportar esa mezcla de tensión y temperatura, pero la verdad es que esta gente aguanta todo.
Fermín Idoate, del Tenis, dio la nota positiva local y ganó al número uno de Cantabria. Hoy será todo más complicado. Los navarros han caído pero lo cierto es que están disfrutando del torneo como los que han ganado. Se trata de disfrutar y, si se gana, mejor. Es el Goofy.
Josemari Sexmilo
8 de Junio 2004
Publicado en Diario de Navarra (9.JUN.04)
Generalmente, el Goofy sólo se juega una vez en la vida. Pocos son los que disputan dos ediciones y eso, como todos los torneos de edades, le aporta algo especial.
En el Goofy hay nervios, nivel, ilusión y regalos, muchos regalos. Los jugadores reciben un montón de esas cositas como gorras, camisetas, mochilas, toallas y todos esos artilugios que los de Disney y todos los americanos se han empeñado en denominar merchandising. Es una excelente aportación de la generosidad del sponsor.
Ayer hizo mucho calor pero no se derritió nadie. Parece que los chavales están cada vez mejor preparados y aguantan lo que les eche el contrario y el hombre del tiempo. Desde fuera parece muy difícil soportar esa mezcla de tensión y temperatura, pero la verdad es que esta gente aguanta todo.
Fermín Idoate, del Tenis, dio la nota positiva local y ganó al número uno de Cantabria. Hoy será todo más complicado. Los navarros han caído pero lo cierto es que están disfrutando del torneo como los que han ganado. Se trata de disfrutar y, si se gana, mejor. Es el Goofy.
Josemari Sexmilo
8 de Junio 2004
Publicado en Diario de Navarra (9.JUN.04)
sábado, 1 de diciembre de 2001
CAMBIOS EN LAS REGLAS ¿SÍ O NO?
Parece ser que los encargados de trabajar por que el Tenis evolucione y se adapte a los tiempos han trabajado realmente poco; hasta hace unos años, prácticamente nada. Sí que de un tiempo a esta parte hay movimiento en cuanto a cambios, lo que provoca un debate continuo dentro de una sociedad tenista que aparecía aletargada y dormida en los laureles de un prestigio internacional que no es tal y que, además, va en franca decadencia. Efectivamente, el tenis no es el ombligo del mundo ni el deporte más importante, aunque a nosotros nos lo parezca. Según datos oficiales (ITF), las estadísticas del país más estadístico del mundo (USA) establecen que, para los norteamericanos, el Tenis ocupa el puesto número ¡23! en el ranking de sus preferencias deportivas. Todo un dato.
Lo que está claro es que hay que olvidarse de sentimentalismos y mirar hacia delante, sin olvidar, por supuesto, el pasado, que siempre es la mejor lección para estudiar el futuro. Y dentro de ese pasado están todas las normas que no han variado, aunque el sentido común dice que si han cambiado los materiales, la preparación física del jugador, la técnica individual y otros muchos aspectos, los reglamentos deberían haber evolucionado en igual o mayor medida. El único consuelo al que podemos agarrarnos es el fútbol, nuestro hermano mayor, que ha cambiado menos.
La polémica de los últimos años es la norma No-Ad o “punto de oro”, algo que tenía que llegar para, al menos, probar qué es lo que pasa si le ponemos un límite a la puntuación en cada juego. Uno recuerda la gran polémica que suscitó el tie-break, que comenzó regulándose como “muerte súbita” en un juego a doce puntos y que acabó tal y como está establecido ahora. El tenista de entonces no entendía por qué no se el permitía jugar con la puntuación auténtica y había que ceñirse a esa modernez de jugarse a siete puntos lo que no se había conseguido en doce juegos. Los que regían en aquellos tiempos los destinos de nuestro deporte apostaron fuerte por el tie-break y, pasando de críticas y reclamaciones, consiguieron lo que pensaban que hacía falta: poner un límite a los partidos.
La gran mayoría de los deportes tienen un límite temporal o de puntuación. Uno piensa que el problema del tenis es que siempre se ha jugado con ventajas y eso de que te obliguen a no jugar al tenis de toda la vida, en principio duele, pero es probable que el tiempo cure estas heridas como al que le quitan la tierra batida o al que, en su tiempo, le dijeron que la raqueta de madera no servía para nada. Al final, el ser humano se acostumbra a todo y, generalmente, no quiere volver a lo anterior.
En el día a día, se observa que los jugadores critican la norma… cuando pierden. Pero si pensamos que precisamente por el atípico sistema de puntuación, lo fundamental en el tenis es saber jugar los puntos importantes, estaremos de acuerdo en que la norma No Ad potencia esa especial filosofía que reza que “el tenis es para listos” y que los necios no tienen nada que hacer en nuestro deporte. De todas formas, la culpa de todo esto la tiene quien inventó este sistema de partidos interminables, porque si en un principio se hubiera planteado que cada juego lo ganaba quien llegara a cuatro puntos, no estaríamos discutiendo sobre el tema. Por eso, uno piensa que es de perogrullo discutir sobre si el sistema es justo o injusto. Esa no es la cuestión. El tema no es de justicia, sino de hábitos.
De cualquier forma, si evolucionando con normas de este tipo conseguimos que el espectador-consumidor se oriente mejor en cuanto a horarios y que las televisiones tengan más facilidad para vender nuestro producto, la inversión habrá sido altamente positiva. Pero, si por el contrario, nos anclamos en el pasado y demostramos no haber aprendido nada de experiencias anteriores, cercanas o lejanas, no avanzaremos nada. Y, por supuesto, seguiremos en el puesto 23 en USA.
Josemari Sexmilo
Entrenador Nacional
Director Escuela C.T. Pamplona
Noviembre 2001
Publicado en Tenis a Fondo
Lo que está claro es que hay que olvidarse de sentimentalismos y mirar hacia delante, sin olvidar, por supuesto, el pasado, que siempre es la mejor lección para estudiar el futuro. Y dentro de ese pasado están todas las normas que no han variado, aunque el sentido común dice que si han cambiado los materiales, la preparación física del jugador, la técnica individual y otros muchos aspectos, los reglamentos deberían haber evolucionado en igual o mayor medida. El único consuelo al que podemos agarrarnos es el fútbol, nuestro hermano mayor, que ha cambiado menos.
La polémica de los últimos años es la norma No-Ad o “punto de oro”, algo que tenía que llegar para, al menos, probar qué es lo que pasa si le ponemos un límite a la puntuación en cada juego. Uno recuerda la gran polémica que suscitó el tie-break, que comenzó regulándose como “muerte súbita” en un juego a doce puntos y que acabó tal y como está establecido ahora. El tenista de entonces no entendía por qué no se el permitía jugar con la puntuación auténtica y había que ceñirse a esa modernez de jugarse a siete puntos lo que no se había conseguido en doce juegos. Los que regían en aquellos tiempos los destinos de nuestro deporte apostaron fuerte por el tie-break y, pasando de críticas y reclamaciones, consiguieron lo que pensaban que hacía falta: poner un límite a los partidos.
La gran mayoría de los deportes tienen un límite temporal o de puntuación. Uno piensa que el problema del tenis es que siempre se ha jugado con ventajas y eso de que te obliguen a no jugar al tenis de toda la vida, en principio duele, pero es probable que el tiempo cure estas heridas como al que le quitan la tierra batida o al que, en su tiempo, le dijeron que la raqueta de madera no servía para nada. Al final, el ser humano se acostumbra a todo y, generalmente, no quiere volver a lo anterior.
En el día a día, se observa que los jugadores critican la norma… cuando pierden. Pero si pensamos que precisamente por el atípico sistema de puntuación, lo fundamental en el tenis es saber jugar los puntos importantes, estaremos de acuerdo en que la norma No Ad potencia esa especial filosofía que reza que “el tenis es para listos” y que los necios no tienen nada que hacer en nuestro deporte. De todas formas, la culpa de todo esto la tiene quien inventó este sistema de partidos interminables, porque si en un principio se hubiera planteado que cada juego lo ganaba quien llegara a cuatro puntos, no estaríamos discutiendo sobre el tema. Por eso, uno piensa que es de perogrullo discutir sobre si el sistema es justo o injusto. Esa no es la cuestión. El tema no es de justicia, sino de hábitos.
De cualquier forma, si evolucionando con normas de este tipo conseguimos que el espectador-consumidor se oriente mejor en cuanto a horarios y que las televisiones tengan más facilidad para vender nuestro producto, la inversión habrá sido altamente positiva. Pero, si por el contrario, nos anclamos en el pasado y demostramos no haber aprendido nada de experiencias anteriores, cercanas o lejanas, no avanzaremos nada. Y, por supuesto, seguiremos en el puesto 23 en USA.
Josemari Sexmilo
Entrenador Nacional
Director Escuela C.T. Pamplona
Noviembre 2001
Publicado en Tenis a Fondo
martes, 17 de abril de 2001
A LOTINA, FUTURO EX ENTRENADOR DE OSASUNA
No te conozco personalmente pero me caes bien de siempre. No sé, son esas cosas que pasan, ese tipo de personas que te inspiran confianza por su forma de actuar en público, por sus razonamientos, por su sensibilidad. Por eso me da pena que vayas a caer, porque, nos guste o no, caerás. Van a hacer que caigas, en principio, los borregos de la grada. Llegará un momento en que escucharás aquello de “Lotina vete ya, Lotina vete ya, Lotina ve-te-ya" de boca de una gente que, la mayoría, no han llegado ni a tuercebotas, pero que piensan que el pagar les da derecho a gritar lo que les da la gana y, más grave, a juzgar a profesionales.
Los borregos se contagian del mundo de los directivos y al final echan la culpa al que menos la tiene. Y digo esto convencido, porque siempre he pensado que en el mundo del fútbol el entrenador es el que menos tiene que ver en los resultados, si bien tiene su parte de culpa. El míster intenta hacer trabajar entre semana a un futbolista totalmente acomodado por el entorno sin pasarse de la hora y media diaria (si se pasa, la prensa lo refleja como “una dura sesión de entrenamiento”), intenta mentalizar a los jugadores de algo tan evidente como que hay que correr más que el contrario para ganar y para tener contentos a los borregos, e intenta coordinar a los once de corto desde un banquillo desde el cual siente lo que es la impotencia total al no poder pegar él mismo al balón o en sus partes a más de una de sus figuras. Si al final no se triunfa y no hay explicación, dicen que el entrenador no les motiva, frase acuñada por algún psicólogo que no tenía otra cosa en qué pensar los domingos.
Así pues, los borregos te echarán como han echado a muchos. Pero los borregos son tan borregos que, en ocasiones, pasan del intento de asesinato al homenaje y si no que se lo digan a Víctor Fernández o Txetxu Rojo en la vecina Zaragoza, a Ranieri en Valencia o a Van Gaal en Barcelona. Por eso, si aguantas esta mala racha y el equipo empieza a jugar bien, es posible que pasemos del desprestigio personal y profesional total a, por ejemplo, proponerte pasar de ediles y ser quien lance el txupinazo del 2.000. A tu amigo Martín le pasó al revés. Cuando la remontada famosa de hace tres temporadas, los borregos estaban felices al ver al bueno de Enrique gritando desde la banda y todos decían que eso sí que era un entrenador, que había que estar encima de los jugadores y gritarles y motivarles y todo eso. Pero al cabo del tiempo y cuando dejó de entrar el balón la borregada concluyó que Martín, que hacía lo mismo que antes, era un payaso y que no valía para nada. El hombre es, quizá, el ser más olvidadizo de la Creación.
Pero no sólo la grada te puede echar. También está el Presidente y sus Directivos, cargos para los cuales es imprescindible entender muy poco de fútbol y de Deporte en general. Tu Presidente, nuestro Presidente, es un hombre que ha dado más de lo que yo esperaba. Ha demostrado que trabaja como prometió o más y que se pega con cualquiera por defender lo suyo, lo nuestro. Aunque no soy quién para juzgar su labor interna por puro desconocimiento, pienso que lo está haciendo bien. Lo malo es que, al fin y al cabo, es un Presidente de un Club de fútbol y, como todos los Presidentes de Clubs de fútbol, acabará haciéndolo mal. Ya lo hizo mal con Martín, al no permitir que acabara o intentara acabar su ciclo. Y no quisiera ser agorero pero te voy a contar una cosa que no sé si sabrás. Hubo una frase que repitió Miranda tres veces el año pasado:”Con Martín a muerte”, con claro contenido guerrero y de fidelidad hacia tu amigo. Pues a la tercera lo echó, como lo oyes. Y por eso me da miedo tu situación, porque ya ha dicho dos veces que no se le ha pasado por la cabeza prescindir de tus servicios. A la tercera, como le pasó a San Pedro aquella noche, cantará el gallo y tendrás que irte por la puerta de atrás. Además, deberás soportar la vieja teoría que quiere justificar lo injustificable: “El fútbol es así”, algo que dicen todos los Presidentes cuando no les llegan sus conocimientos, cosa habitual, para dar una explicación lógica a los medios y a la afición.
Lo que tiene de bueno tu situación es que en tu equipaje está la famosa campaña de Copa con el equipo de un pueblo y el ascenso de esos mismos once amigos. Si no fuera por eso, si fueras un desconocido, habrías durado menos que un lapo en una plancha. Pero te aguantan porque eres alguien y, por ahora, no se atreve nadie a cuestionar tus conocimientos. Porque me imagino que si fuiste capaz de hacer lo que hiciste en Soria, también tendrás capacidad para hacerlo aquí ya que, en pura lógica, sabrás como mínimo lo que sabías hace un año y seguramente más.
Pues nada, amigo, que tengas toda la suerte del mundo, que corran tus jugadores, que no te coman los borregos y que te dejen trabajar los del palco. No sé si esto más que un deseo es un sueño. De cualquier forma, es mi deseo. Un abrazo.
Josemari Sexmilo
Socio nº 4375
17 de Abril de 2001
Los borregos se contagian del mundo de los directivos y al final echan la culpa al que menos la tiene. Y digo esto convencido, porque siempre he pensado que en el mundo del fútbol el entrenador es el que menos tiene que ver en los resultados, si bien tiene su parte de culpa. El míster intenta hacer trabajar entre semana a un futbolista totalmente acomodado por el entorno sin pasarse de la hora y media diaria (si se pasa, la prensa lo refleja como “una dura sesión de entrenamiento”), intenta mentalizar a los jugadores de algo tan evidente como que hay que correr más que el contrario para ganar y para tener contentos a los borregos, e intenta coordinar a los once de corto desde un banquillo desde el cual siente lo que es la impotencia total al no poder pegar él mismo al balón o en sus partes a más de una de sus figuras. Si al final no se triunfa y no hay explicación, dicen que el entrenador no les motiva, frase acuñada por algún psicólogo que no tenía otra cosa en qué pensar los domingos.
Así pues, los borregos te echarán como han echado a muchos. Pero los borregos son tan borregos que, en ocasiones, pasan del intento de asesinato al homenaje y si no que se lo digan a Víctor Fernández o Txetxu Rojo en la vecina Zaragoza, a Ranieri en Valencia o a Van Gaal en Barcelona. Por eso, si aguantas esta mala racha y el equipo empieza a jugar bien, es posible que pasemos del desprestigio personal y profesional total a, por ejemplo, proponerte pasar de ediles y ser quien lance el txupinazo del 2.000. A tu amigo Martín le pasó al revés. Cuando la remontada famosa de hace tres temporadas, los borregos estaban felices al ver al bueno de Enrique gritando desde la banda y todos decían que eso sí que era un entrenador, que había que estar encima de los jugadores y gritarles y motivarles y todo eso. Pero al cabo del tiempo y cuando dejó de entrar el balón la borregada concluyó que Martín, que hacía lo mismo que antes, era un payaso y que no valía para nada. El hombre es, quizá, el ser más olvidadizo de la Creación.
Pero no sólo la grada te puede echar. También está el Presidente y sus Directivos, cargos para los cuales es imprescindible entender muy poco de fútbol y de Deporte en general. Tu Presidente, nuestro Presidente, es un hombre que ha dado más de lo que yo esperaba. Ha demostrado que trabaja como prometió o más y que se pega con cualquiera por defender lo suyo, lo nuestro. Aunque no soy quién para juzgar su labor interna por puro desconocimiento, pienso que lo está haciendo bien. Lo malo es que, al fin y al cabo, es un Presidente de un Club de fútbol y, como todos los Presidentes de Clubs de fútbol, acabará haciéndolo mal. Ya lo hizo mal con Martín, al no permitir que acabara o intentara acabar su ciclo. Y no quisiera ser agorero pero te voy a contar una cosa que no sé si sabrás. Hubo una frase que repitió Miranda tres veces el año pasado:”Con Martín a muerte”, con claro contenido guerrero y de fidelidad hacia tu amigo. Pues a la tercera lo echó, como lo oyes. Y por eso me da miedo tu situación, porque ya ha dicho dos veces que no se le ha pasado por la cabeza prescindir de tus servicios. A la tercera, como le pasó a San Pedro aquella noche, cantará el gallo y tendrás que irte por la puerta de atrás. Además, deberás soportar la vieja teoría que quiere justificar lo injustificable: “El fútbol es así”, algo que dicen todos los Presidentes cuando no les llegan sus conocimientos, cosa habitual, para dar una explicación lógica a los medios y a la afición.
Lo que tiene de bueno tu situación es que en tu equipaje está la famosa campaña de Copa con el equipo de un pueblo y el ascenso de esos mismos once amigos. Si no fuera por eso, si fueras un desconocido, habrías durado menos que un lapo en una plancha. Pero te aguantan porque eres alguien y, por ahora, no se atreve nadie a cuestionar tus conocimientos. Porque me imagino que si fuiste capaz de hacer lo que hiciste en Soria, también tendrás capacidad para hacerlo aquí ya que, en pura lógica, sabrás como mínimo lo que sabías hace un año y seguramente más.
Pues nada, amigo, que tengas toda la suerte del mundo, que corran tus jugadores, que no te coman los borregos y que te dejen trabajar los del palco. No sé si esto más que un deseo es un sueño. De cualquier forma, es mi deseo. Un abrazo.
Josemari Sexmilo
Socio nº 4375
17 de Abril de 2001
martes, 13 de febrero de 2001
FÚTBOL Y LENGUAJE (2)
No es mi intención ir contra el colectivo periodístico, ni mucho menos. Ya es la segunda vez que hablo de este tema y debo confesar que si lo hago es porque he recibido llamadas y comentarios que me animan a seguir poniendo de manifiesto algo que se ha convertido en tan monótono y, a la vez, tan salvaje como la pésima utilización del lenguaje en el mundo del periodismo deportivo-futbolero. Parto de la base de que me equivoco como el que más, pero esto no es grave porque yo no soy periodista, ni escritor, ni nada parecido y, por tanto, veo los toros desde la barrera, que es lo más cómodo y lo menos comprometido del mundo.
Se oye cada dos por tres una expresión que chirría en los oídos: el balón dividido. Parece ser que algún poeta argentino o nacional (léase Jorge Valdano, Juan Manuel Lillo, Jorge D’Alessandro o, últimamente, Víctor Fernández) nos quiere demostrar que el balón se puede dividir o que en un momento dado puede estar dividido. La teoría de estos figuras es que hay que utilizar esta expresión cuando el balón está entre dos jugadores y no sabemos cuál va a llegar primero a tocarlo o a llevárselo. Habrá pocos ejemplos como éste de mala utilización de idioma castellano en la historia de nuestra Lengua.
Hay periodistas, muchos, que aún no encuentran la diferencia entre fallar y orinar. Lo que oye. En términos marítimos, cuando una embarcación sufre una perforación tal que entra agua dentro del casco, se dice que ese barco “hace agua”, una expresión muy usual y que parece indicar algo así como que el barco “fabricara” agua y la vertiera hacia su interior. Otra cosa muy distinta es el caso de que la señora del capitán o el grumete tenga ganas de orinar y, efectivamente, orine. Aquí no tiene importancia si orina dentro o fuera del casco, el hecho es que a eso se llama “hacer aguas”. Pues bien, en el mundo del fútbol nos han acostumbrado a confundir el fallo de la defensa de un equipo con las ganas de ir al servicio. Cuando un equipo pierde un partido por culpa de la mala actuación general de la línea defensiva, nos indican que la defensa “ha hecho aguas”, o sea, que se ha meado.
También en el mundo de las quinielas se mete la pata constantemente. Aquí creo que son todos y por costumbre. Resulta que, según la gran mayoría de los periodistas, o quizá la totalidad, los partidos empiezan con el marcador favorable al equipo de casa, algo evidente ya que la “X” y el “2” son lo que se llama variantes. No hay que consultar ningún diccionario para advertir que variante es lo que varía y, en el mundo al que nos referimos, lo que está claro es que los partidos empiezan con empate y que todo lo que sea variar el resultado para que gane el equipo local o el visitante es variante. Pues nada, alguien se inventó lo de las variantes y ha arrastrado a todos, periodistas, futbolistas y borregos de grada.
Y cuando se desafía a la Física ya es la leche. Una vez que descubrimos que el larguero de la portería, o sea el palo que une los dos palos verticales, se compone de varios palos (“Cañizares bajo los palos”), nos dicen que esos palos verticales no son iguales: hay un palo largo y un palo corto. Usted seguro que no le ve, pero últimamente nos lo dicen en todas las retransmisiones y si nos lo dicen todos, será verdad. El palo corto es el que está más cerca del jugador que va a rematar y el largo es el de más lejos. Y lo que son las cosas ... el jugador que lleva el balón y que va a intentar hacer saltar de sus asientos a todos los que le pagan todas esas cantidades libres de impuestos, ve el “palo corto” más largo que el largo. Cosas de perspectivas. Al final, un cúmulo de despropósitos.
¿Qué es eso de “peinar el balón”? ¿Cómo se peina un balón? ¿Ha peinado usted alguna vez un balón? Para quien no ve habitualmente fútbol (rara avis) hay que aclarar que, cuando el balón va por el aire y un jugador lo toca ligeramente con la cabeza, pero muy ligeramente, eso se llama, según algunos sabios, peinar el balón. En la relación balón-cabeza hay cosas muy claras, como que sólo se puede peinar algo que tenga pelo. Eso es tan evidente como que el balón a lo sumo podría despeinar al jugador, salvo mágicas casualidades. Es decir, cabrían varias posibilidades, pero la descartable a todas luces sería la de que el jugador peinara lo impeinable.
La interpretación del Reglamento también tiene su espacio en las costumbres parlantes y escritas de algunos. Se dice muchas veces aquello de “falta a favor” del Athletic, cuando las faltas nunca pueden ser a favor sino en contra. Otra cosa es que un equipo cometa una falta y beneficie de paso a su contrario. Pero lo que está claro es que una falta es una sanción y, por ejemplo, no podríamos decir que nos han puesto una multa de 16.000 pesetas a favor del Ayuntamiento de Pamplona (por cierto, ¿qué abuso?) por aparcar en doble fila.
Hay una palabra que gusta mucho decir a algunos: abductor. El músculo que suelen lesionarse los futbolistas es el adductor, que es un músculo situado en la parte superior interna del muslo y que sirve para adducir, es decir para impulsar la extremidad hacia el eje del cuerpo. Ya sé que suena mejor abductor y que alguno incluso se siente un poco médico al pronunciar semejante término, pero lo siento, la anatomía es la anatomía.
Y, para terminar, ya no en el plano de la semántica sino en el de la lógica, sería deseable que algunos reporteros-futboleros de fin de semana, sobre todo a nivel nacional, dejaran por unos días el asfalto y se trasladaran al silencio de la montaña o del monasterio para meditar sobre qué es, al margen de los usos y costumbres de la profesión, lo que se puede preguntar a un deportista-millonario-mimado-hombreanuncio-pocotrabajador-acomodado, para que no conteste siempre lo mismo. Lo agradecería todo el público y podría incluso llegar a ser un crack. Hay ofertas muy baratas en monasterios y casas rurales. Eso no es un gasto, es una inversión.
Josemari Sexmilo
13.FEB.2001
Se oye cada dos por tres una expresión que chirría en los oídos: el balón dividido. Parece ser que algún poeta argentino o nacional (léase Jorge Valdano, Juan Manuel Lillo, Jorge D’Alessandro o, últimamente, Víctor Fernández) nos quiere demostrar que el balón se puede dividir o que en un momento dado puede estar dividido. La teoría de estos figuras es que hay que utilizar esta expresión cuando el balón está entre dos jugadores y no sabemos cuál va a llegar primero a tocarlo o a llevárselo. Habrá pocos ejemplos como éste de mala utilización de idioma castellano en la historia de nuestra Lengua.
Hay periodistas, muchos, que aún no encuentran la diferencia entre fallar y orinar. Lo que oye. En términos marítimos, cuando una embarcación sufre una perforación tal que entra agua dentro del casco, se dice que ese barco “hace agua”, una expresión muy usual y que parece indicar algo así como que el barco “fabricara” agua y la vertiera hacia su interior. Otra cosa muy distinta es el caso de que la señora del capitán o el grumete tenga ganas de orinar y, efectivamente, orine. Aquí no tiene importancia si orina dentro o fuera del casco, el hecho es que a eso se llama “hacer aguas”. Pues bien, en el mundo del fútbol nos han acostumbrado a confundir el fallo de la defensa de un equipo con las ganas de ir al servicio. Cuando un equipo pierde un partido por culpa de la mala actuación general de la línea defensiva, nos indican que la defensa “ha hecho aguas”, o sea, que se ha meado.
También en el mundo de las quinielas se mete la pata constantemente. Aquí creo que son todos y por costumbre. Resulta que, según la gran mayoría de los periodistas, o quizá la totalidad, los partidos empiezan con el marcador favorable al equipo de casa, algo evidente ya que la “X” y el “2” son lo que se llama variantes. No hay que consultar ningún diccionario para advertir que variante es lo que varía y, en el mundo al que nos referimos, lo que está claro es que los partidos empiezan con empate y que todo lo que sea variar el resultado para que gane el equipo local o el visitante es variante. Pues nada, alguien se inventó lo de las variantes y ha arrastrado a todos, periodistas, futbolistas y borregos de grada.
Y cuando se desafía a la Física ya es la leche. Una vez que descubrimos que el larguero de la portería, o sea el palo que une los dos palos verticales, se compone de varios palos (“Cañizares bajo los palos”), nos dicen que esos palos verticales no son iguales: hay un palo largo y un palo corto. Usted seguro que no le ve, pero últimamente nos lo dicen en todas las retransmisiones y si nos lo dicen todos, será verdad. El palo corto es el que está más cerca del jugador que va a rematar y el largo es el de más lejos. Y lo que son las cosas ... el jugador que lleva el balón y que va a intentar hacer saltar de sus asientos a todos los que le pagan todas esas cantidades libres de impuestos, ve el “palo corto” más largo que el largo. Cosas de perspectivas. Al final, un cúmulo de despropósitos.
¿Qué es eso de “peinar el balón”? ¿Cómo se peina un balón? ¿Ha peinado usted alguna vez un balón? Para quien no ve habitualmente fútbol (rara avis) hay que aclarar que, cuando el balón va por el aire y un jugador lo toca ligeramente con la cabeza, pero muy ligeramente, eso se llama, según algunos sabios, peinar el balón. En la relación balón-cabeza hay cosas muy claras, como que sólo se puede peinar algo que tenga pelo. Eso es tan evidente como que el balón a lo sumo podría despeinar al jugador, salvo mágicas casualidades. Es decir, cabrían varias posibilidades, pero la descartable a todas luces sería la de que el jugador peinara lo impeinable.
La interpretación del Reglamento también tiene su espacio en las costumbres parlantes y escritas de algunos. Se dice muchas veces aquello de “falta a favor” del Athletic, cuando las faltas nunca pueden ser a favor sino en contra. Otra cosa es que un equipo cometa una falta y beneficie de paso a su contrario. Pero lo que está claro es que una falta es una sanción y, por ejemplo, no podríamos decir que nos han puesto una multa de 16.000 pesetas a favor del Ayuntamiento de Pamplona (por cierto, ¿qué abuso?) por aparcar en doble fila.
Hay una palabra que gusta mucho decir a algunos: abductor. El músculo que suelen lesionarse los futbolistas es el adductor, que es un músculo situado en la parte superior interna del muslo y que sirve para adducir, es decir para impulsar la extremidad hacia el eje del cuerpo. Ya sé que suena mejor abductor y que alguno incluso se siente un poco médico al pronunciar semejante término, pero lo siento, la anatomía es la anatomía.
Y, para terminar, ya no en el plano de la semántica sino en el de la lógica, sería deseable que algunos reporteros-futboleros de fin de semana, sobre todo a nivel nacional, dejaran por unos días el asfalto y se trasladaran al silencio de la montaña o del monasterio para meditar sobre qué es, al margen de los usos y costumbres de la profesión, lo que se puede preguntar a un deportista-millonario-mimado-hombreanuncio-pocotrabajador-acomodado, para que no conteste siempre lo mismo. Lo agradecería todo el público y podría incluso llegar a ser un crack. Hay ofertas muy baratas en monasterios y casas rurales. Eso no es un gasto, es una inversión.
Josemari Sexmilo
13.FEB.2001
miércoles, 1 de noviembre de 2000
FÚTBOL Y LENGUAJE (1)
En esta sociedad actual estamos acostumbrándonos peligrosamente a generalizar y eso no es bueno. Ni todos los farmacéuticos se hinchan de ganar dinero, ni todos los que van a misa son buenos, ni todos los moros llegan hasta aquí en patera. Hay que hablar con propiedad y, sobre todo, con datos; pero hablamos por hablar y metemos la pata cuando, por desconocimiento o vagancia, queremos introducir a todo un colectivo en el mismo carro. Las personas, los profesionales, los ciudadanos, forman los colectivos, pero por ello no dejan de ser personas individuales con sus virtudes, defectos, filias y fobias.
En el mundo del periodismo deportivo y más concretamente en el “deportivo-futbolero”, nos estamos acostumbrando a lo que no debiéramos, a generalizar, debido a que el idioma se está utilizando mal y, además, por casi todos los que toman el micrófono o el bolígrafo y se dedican a cantar y a contar lo que pasa en el mundo de los millonarios en gayumbos. Generalizamos porque son muchos los que practican el deporte de hablar mal en el Deporte. No hay que generalizar, pero hay que decir bien alto que poco a poco se han ido creando expresiones que se van quedando porque rompen con la sencillez de un deporte que nunca debiera ser pasto de los poetas sino de los deportistas. Los Valdano, Lillo y compañía han querido rodear al fútbol de una aureola intelectual cuando ellos mismos saben que el futbolista, por lo general, no pasa de leer el Marca. Y los periodistas les han seguido.
El periodista futbolero habla por lo general mal y de esto quiero hacer algún comentario, partiendo de la base de que quien suscribe no lo hace bien, por la sencilla razón de que no vive de escribir.
Ejemplos hay a patadas (y nunca mejor dicho) pero hay algunos que llaman la atención por su necedad y, sobre todo, por su originalidad. Cuando conectan en el Carrusel Deportivo de cualquier radio (sí, sí, ya sé que el Carrusel Deportivo es de la SER, pero se ha convertido en expresión) y el periodista, o lo que sea, asegura que en el minuto quince de la segunda parte el marcador permanece inalterable, me dan ganas de llamarle simplemente burro, porque un periodista debería saber que inalterable es aquello que no se puede alterar y un marcador, a no ser que el partido haya finalizado, siempre se puede alterar. Se debería decir, en todo caso, inalterado. Para llegar a esta conclusión no hay que estudiar cinco años. Pero no es el único ejemplo.
¿No ha oído usted eso de “la sociedad” que forman en la banda Pérez y García? ¿Quién ha inventado esto? ¿A qué sociedad se refiere, anónima, limitada, irregular? ¡Qué forma de complicar las cosas, cuando todo es tan sencillo! Es más fácil hablar en el sentido de que Pérez y García se llevan muy bien y que juntos juegan fenomenal y dejarse de milongas de poeta barato.
También el sexo queda reflejado por algunos periodistas. Parece ser que los laterales (los defensas de los lados izquierdo y derecho para los que no están puestos en tan transcendental tema) son más machos que los extremos (los delanteros de los lados). Y es que, cuando coge el balón el delantero, es el extremo izquierda o derecha, no izquierdo o derecho. Ya sé que puede sobreentenderse que se refiere al extremo de la izquierda o de la derecha. Pero, ¿por qué no tiene el mismo tratamiento que el defensa, que siempre es lateral derecho o izquierdo? ¿Qué ha hecho el delantero para ser más afeminado, cuando realmente es el que más golpes recibe y más debe dar la cara? ¿Llegarán los padres a exigir a los entrenadores que coloquen a sus hijos de laterales para no poner en duda su hombría?
Hay ocasiones en que las barbaridades son como ésta: ”El árbitro perjudicó al equipo visitante pero no influyó en el marcador”. Esto sí que es difícil de hacer. ¡Y no digamos de entender! ¿Cómo se puede perjudicar a un equipo sin influir de ninguna manera en lo que busca el equipo? ¿Alguien entiende que las tarjetas injustas, los penaltis injustos, las faltas al borde del área injustas, las expulsiones injustas, los offside injustos, los ... no influyan en el marcador? Pues hay periodistas que aseguran que sí.
Bueno, y ya no digamos cuando el dibujo técnico entra en el estadio. Resulta que el juego se divide en horizontal y vertical. Para usted, sí, sí, para usted señora, que no tiene ni idea de fútbol aunque, como no es sorda, ya sabe que Figo es un pesetero y que el Depor tiene muchos negros, pues sí, para usted el juego vertical será cuando el balón va hacia arriba, o sea, hacia el cielo, es decir en vertical; y el horizontal será el que hace que el balón vaya a ras de suelo, o sea, horizontal, ¿no? Pues no. Usted no tiene ni idea, porque debe saber que el juego horizontal es el que va de lado a lado del campo, es decir, el que se juega entre los laterales machos o entre los extremos dudosos. Y el vertical es aquel que discurre entre una portería y la otra pero a toda leche. No, no ponga esa cara de boba porque esto es así.
Ah! Y hablando de la portería, la gran mayoría de los periodistas nos intentan convencer de que la portería no es como la del patio del colegio ni la de la foto del lunes. No. La portería, y esto se debe ver mejor de cerca, se compone de dos postes laterales y varios postes en la parte alta, a cuyo conjunto (el de la parte alta) le llaman larguero. Dice el de la tele al comenzar la alineación: “Cañizares bajo los palos”. ¿Bajo qué palos? ¿Cuántos palos tiene la parte alta de la portería? ¿Tenemos tan mala vista los que no somos periodistas? Desde lejos parece que hay sólo un palo horizontal, pero eso habrá que verlo in situ, aunque para eso habrá que ganar una liga o ascender otra vez, porque si no no se puede pisar el campo ya que los futbolistas son muy delicados y tienen que tener todo a punto para hacer juego horizontal o vertical, para que cuando se tire al suelo el de debajo de los palos no se haga daño y para que tanto los laterales machos como los extremos afeminados hagan lo posible por que el marcador no permanezca tantos minutos inalterable. Todo esto bajo el mandato autoritario de quien aún perjudicando mucho, mucho, mucho a un equipo (generalmente el débil), no influya para nada, nada, nada en la victoria del otro equipo (generalmente el poderoso).
Josemari Sexmilo
Publicado en Diario de Noticias
Noviembre 2000
En el mundo del periodismo deportivo y más concretamente en el “deportivo-futbolero”, nos estamos acostumbrando a lo que no debiéramos, a generalizar, debido a que el idioma se está utilizando mal y, además, por casi todos los que toman el micrófono o el bolígrafo y se dedican a cantar y a contar lo que pasa en el mundo de los millonarios en gayumbos. Generalizamos porque son muchos los que practican el deporte de hablar mal en el Deporte. No hay que generalizar, pero hay que decir bien alto que poco a poco se han ido creando expresiones que se van quedando porque rompen con la sencillez de un deporte que nunca debiera ser pasto de los poetas sino de los deportistas. Los Valdano, Lillo y compañía han querido rodear al fútbol de una aureola intelectual cuando ellos mismos saben que el futbolista, por lo general, no pasa de leer el Marca. Y los periodistas les han seguido.
El periodista futbolero habla por lo general mal y de esto quiero hacer algún comentario, partiendo de la base de que quien suscribe no lo hace bien, por la sencilla razón de que no vive de escribir.
Ejemplos hay a patadas (y nunca mejor dicho) pero hay algunos que llaman la atención por su necedad y, sobre todo, por su originalidad. Cuando conectan en el Carrusel Deportivo de cualquier radio (sí, sí, ya sé que el Carrusel Deportivo es de la SER, pero se ha convertido en expresión) y el periodista, o lo que sea, asegura que en el minuto quince de la segunda parte el marcador permanece inalterable, me dan ganas de llamarle simplemente burro, porque un periodista debería saber que inalterable es aquello que no se puede alterar y un marcador, a no ser que el partido haya finalizado, siempre se puede alterar. Se debería decir, en todo caso, inalterado. Para llegar a esta conclusión no hay que estudiar cinco años. Pero no es el único ejemplo.
¿No ha oído usted eso de “la sociedad” que forman en la banda Pérez y García? ¿Quién ha inventado esto? ¿A qué sociedad se refiere, anónima, limitada, irregular? ¡Qué forma de complicar las cosas, cuando todo es tan sencillo! Es más fácil hablar en el sentido de que Pérez y García se llevan muy bien y que juntos juegan fenomenal y dejarse de milongas de poeta barato.
También el sexo queda reflejado por algunos periodistas. Parece ser que los laterales (los defensas de los lados izquierdo y derecho para los que no están puestos en tan transcendental tema) son más machos que los extremos (los delanteros de los lados). Y es que, cuando coge el balón el delantero, es el extremo izquierda o derecha, no izquierdo o derecho. Ya sé que puede sobreentenderse que se refiere al extremo de la izquierda o de la derecha. Pero, ¿por qué no tiene el mismo tratamiento que el defensa, que siempre es lateral derecho o izquierdo? ¿Qué ha hecho el delantero para ser más afeminado, cuando realmente es el que más golpes recibe y más debe dar la cara? ¿Llegarán los padres a exigir a los entrenadores que coloquen a sus hijos de laterales para no poner en duda su hombría?
Hay ocasiones en que las barbaridades son como ésta: ”El árbitro perjudicó al equipo visitante pero no influyó en el marcador”. Esto sí que es difícil de hacer. ¡Y no digamos de entender! ¿Cómo se puede perjudicar a un equipo sin influir de ninguna manera en lo que busca el equipo? ¿Alguien entiende que las tarjetas injustas, los penaltis injustos, las faltas al borde del área injustas, las expulsiones injustas, los offside injustos, los ... no influyan en el marcador? Pues hay periodistas que aseguran que sí.
Bueno, y ya no digamos cuando el dibujo técnico entra en el estadio. Resulta que el juego se divide en horizontal y vertical. Para usted, sí, sí, para usted señora, que no tiene ni idea de fútbol aunque, como no es sorda, ya sabe que Figo es un pesetero y que el Depor tiene muchos negros, pues sí, para usted el juego vertical será cuando el balón va hacia arriba, o sea, hacia el cielo, es decir en vertical; y el horizontal será el que hace que el balón vaya a ras de suelo, o sea, horizontal, ¿no? Pues no. Usted no tiene ni idea, porque debe saber que el juego horizontal es el que va de lado a lado del campo, es decir, el que se juega entre los laterales machos o entre los extremos dudosos. Y el vertical es aquel que discurre entre una portería y la otra pero a toda leche. No, no ponga esa cara de boba porque esto es así.
Ah! Y hablando de la portería, la gran mayoría de los periodistas nos intentan convencer de que la portería no es como la del patio del colegio ni la de la foto del lunes. No. La portería, y esto se debe ver mejor de cerca, se compone de dos postes laterales y varios postes en la parte alta, a cuyo conjunto (el de la parte alta) le llaman larguero. Dice el de la tele al comenzar la alineación: “Cañizares bajo los palos”. ¿Bajo qué palos? ¿Cuántos palos tiene la parte alta de la portería? ¿Tenemos tan mala vista los que no somos periodistas? Desde lejos parece que hay sólo un palo horizontal, pero eso habrá que verlo in situ, aunque para eso habrá que ganar una liga o ascender otra vez, porque si no no se puede pisar el campo ya que los futbolistas son muy delicados y tienen que tener todo a punto para hacer juego horizontal o vertical, para que cuando se tire al suelo el de debajo de los palos no se haga daño y para que tanto los laterales machos como los extremos afeminados hagan lo posible por que el marcador no permanezca tantos minutos inalterable. Todo esto bajo el mandato autoritario de quien aún perjudicando mucho, mucho, mucho a un equipo (generalmente el débil), no influya para nada, nada, nada en la victoria del otro equipo (generalmente el poderoso).
Josemari Sexmilo
Publicado en Diario de Noticias
Noviembre 2000
sábado, 13 de mayo de 2000
KINTXO
En infinidad de ocasiones, la oportunidad de mejorar pasa por delante de nuestras narices y no nos damos cuenta. Hay veces en las que podemos aprender de lo cercano y no hay forma de exprimir aquello tan bueno y tan positivo que tenemos tan a mano. En el Deporte, lo bueno y positivo no es ganar y ser famoso y firmar autógrafos y todo eso, sino ser un ejemplo para los que vienen detrás. Es el verdadero triunfo del deportista, un triunfo que no reporta nada económico y que no se puede rentabilizar, pero que es la victoria más generosa.
Joaquín Ancín (Pamplona, 14.Junio.1966) Kintxo, es esa oportunidad de mejorar, porque es el ejemplo que muchos debieran seguir o, al menos, intentarlo. No se deberían perder este tipo de personajes en los clubs. Kintxo, tenista, Físico, monitor, directivo, hijo, marido, amigo, es un lujo para un club como el nuestro y más en los tiempos que corren, unos tiempos en los que las conductas van más por el egoísmo que por servir a los demás y el interés de todos. Kintxo es la fidelidad en persona y lo ha demostrado a través de los muchos años de titular y reserva en nuestro equipo. Ha conocido todo lo que se puede conocer en un Club de las características del nuestro, años en tercera categoría nacional, ascensos, descensos, varios entrenadores, títulos y hasta una convocatoria del equipo nacional.
Kintxo fue uno de los pocos jugadores que tuvo la osadía, allá por el año 80, de meter el morro donde sólo lo metían catalanes, valencianos y madrileños. Llegó a semifinales en el Campeonato de España infantil y fue seleccionado para jugar con el equipo español de la categoría. A continuación tuvo la oportunidad de entrenar en la Escuela Nacional de Barcelona por medio de una beca en la Residencia Blume, pero renunció a ella haciendo gala de una madurez impropia de su edad. Aún se recuerda en el club la anécdota de Kintxo en la radio. El periodista de turno no daba crédito a lo que estaba escuchando, cuando un niño de catorce años le decía que prefería quedarse en casa renunciando a la beca para entrenar con los mejores del país. En ese momento el locutor le quiso tocar la fibra frágil de la fama y le dijo: “Pero, hombre, ¿no te gustaría ser un Orantes o Higueras o Santana?”, a lo que nuestro amigo contestó: “Bueno, tampoco está mal ser Kintxo Ancín” Catorce años tenía la criatura.
En estos momentos es el referente de nuestro equipo, aunque no es el único que nos sirve. Ahí hay gente como J.P. Garayoa, Toño Esparza, Fermín Lizarraga, María Garai, Cristina Sanz y un largo etcétera que sirven o han servido de ejemplo en ese escaparate que forman los equipos absolutos. Cuando salta uno de estos jugadores a la pista para defender un punto del equipo, no se debe valorar sólo la victoria o la derrota sino la actitud. El niño, el joven, el aficionado, el directivo, todos, pero sobre todo el niño, debe ver en un jugador como Kintxo la aspiración de llegar a ser como él, un hombre con una capacidad de entrega impresionante, con una generosidad pasmosa y con una facilidad fuera de lo común para ser siempre el compañero que todos desean.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
Joaquín Ancín (Pamplona, 14.Junio.1966) Kintxo, es esa oportunidad de mejorar, porque es el ejemplo que muchos debieran seguir o, al menos, intentarlo. No se deberían perder este tipo de personajes en los clubs. Kintxo, tenista, Físico, monitor, directivo, hijo, marido, amigo, es un lujo para un club como el nuestro y más en los tiempos que corren, unos tiempos en los que las conductas van más por el egoísmo que por servir a los demás y el interés de todos. Kintxo es la fidelidad en persona y lo ha demostrado a través de los muchos años de titular y reserva en nuestro equipo. Ha conocido todo lo que se puede conocer en un Club de las características del nuestro, años en tercera categoría nacional, ascensos, descensos, varios entrenadores, títulos y hasta una convocatoria del equipo nacional.
Kintxo fue uno de los pocos jugadores que tuvo la osadía, allá por el año 80, de meter el morro donde sólo lo metían catalanes, valencianos y madrileños. Llegó a semifinales en el Campeonato de España infantil y fue seleccionado para jugar con el equipo español de la categoría. A continuación tuvo la oportunidad de entrenar en la Escuela Nacional de Barcelona por medio de una beca en la Residencia Blume, pero renunció a ella haciendo gala de una madurez impropia de su edad. Aún se recuerda en el club la anécdota de Kintxo en la radio. El periodista de turno no daba crédito a lo que estaba escuchando, cuando un niño de catorce años le decía que prefería quedarse en casa renunciando a la beca para entrenar con los mejores del país. En ese momento el locutor le quiso tocar la fibra frágil de la fama y le dijo: “Pero, hombre, ¿no te gustaría ser un Orantes o Higueras o Santana?”, a lo que nuestro amigo contestó: “Bueno, tampoco está mal ser Kintxo Ancín” Catorce años tenía la criatura.
En estos momentos es el referente de nuestro equipo, aunque no es el único que nos sirve. Ahí hay gente como J.P. Garayoa, Toño Esparza, Fermín Lizarraga, María Garai, Cristina Sanz y un largo etcétera que sirven o han servido de ejemplo en ese escaparate que forman los equipos absolutos. Cuando salta uno de estos jugadores a la pista para defender un punto del equipo, no se debe valorar sólo la victoria o la derrota sino la actitud. El niño, el joven, el aficionado, el directivo, todos, pero sobre todo el niño, debe ver en un jugador como Kintxo la aspiración de llegar a ser como él, un hombre con una capacidad de entrega impresionante, con una generosidad pasmosa y con una facilidad fuera de lo común para ser siempre el compañero que todos desean.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
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