Javier Clemente se quejaba con amargura de que a la selección española de fútbol no le seguían los españoles. Era en un Campeonato Mundial y, mientras los demás equipos tenían una legión de seguidores cantando y chillando desde las gradas y tribunas, los de Clemente se tenían que cantar ellos mismos. Una lástima y una buena herramienta para un seleccionador que quería justificar las carencias de un equipo nacional que, como en casi todo el resto de disciplinas, no llegaba a los objetivos programados. Y es que España es un territorio en el que a veces te extrañas de que ése que tienes enfrente sea de tu mismo país. Los españoles son muy diferentes unos de otros y, de hecho, hay autonomías que se parecen a otras como un huevo a una castaña y eso, a la hora de aunar esfuerzos para obtener algo valioso, colabora para que cada uno tire hacia su lado sin importarle en absoluto el bien común. Es una de las lacras de nuestra historia y se manifiesta a todos los niveles. El deporte no se escapa a esta teoría y así vemos equipos españoles que no tienen la ilusión de franceses o estadounidenses, que hasta se saben la letra del himno.
La edición 2005 de la Copa Davis ya empezó mal desde el principio. Las controvertidas elecciones a la presidencia de la Federación Española (un España-Cataluña en toda regla) y las mencionadas consecuencias de la historia de España, hicieron que se consumara el primer naufragio del nuevo Presidente, de su Junta Directiva, de sus amigos y de los jugadores que accedieron a viajar con el equipo. Carlos Moyá, que parecía que se olía algo, se desmarcó alegando que quería hacer una gran temporada (¿) a nivel individual y que no le venían bien las emociones de la Copa Davis. Juan Carlos Ferrrero dijo que estaba en un estado de forma no recomendable para competir defendiendo al equipo; y Tomy Robredo adujo una lesión. Con lo cual tuvieron que competir los madrileños Verdasco y López, dejando sorprendentemente en el banquillo al jugador con más experiencia en el Campeonato (Albert Costa) y al mejor jugador actual (Rafael Nadal). Aquí también parece que hubo España-Cataluña, con un 1-0 en el partido de ida a favor de los españoles.
España ha ganado a Italia llorando, pero al menos ha ganado. Los italianos tienen un equipo con un número 1 que la semana pasada ostentaba el puesto 78 de la ATP; y el número 4 casi se salía de los 200 primeros. El líder español, Nadal, es el número 2 de la clasificación mundial y el cuarto y último, el 23. El que esta diferencia se neutralice sólo se puede explicar a través de la motivación que para unos supone el representar a su país, algo que, al parecer, no va con las ideas de otros.
Esta semana se sortea la Copa Davis 2006. Si todo sigue así, que Dios nos pille confesados.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
25 de Septiembre de 2005
Publicado en Diario de Noticias (27.SEP.2005)
Tennisbat sólo pretende archivar las opiniones de Josemari Sexmilo sobre el mundo del Tenis mundial, nacional y local. El autor, Entrenador Nacional de Tenis, agradece a quienes acceden al blog para escuchar a este Técnico con el fin de aprender un poco más sobre esta disciplina deportiva o, simplemente, para entretenerse. A todos, gracias.
domingo, 25 de septiembre de 2005
domingo, 28 de agosto de 2005
EDUARDO
No es fácil entrar en la historia. Para aparecer en los anales de cualquier actividad hay que ser distinto a los demás, destacar en un ámbito concreto y tener ese algo especial que define a los campeones. La carrera de los que llegan ahí arriba depende de muchos factores difíciles de controlar. Salvo la técnica, que es algo sin lo que no se puede aspirar prácticamente a nada, los parámetros en los que se mueve un deportista son relativos. No es imprescindible tener una perfecta condición física, pero hay que saber manejar los tiempos para que el organismo responda. No es imprescindible tener la cabeza perfectamente amueblada, pero hay que saber tomar en cada momento la mejor decisión. No es imprescindible la suerte, pero hay que tenerla. Lo que está claro es que el hecho de mantener estos factores a un nivel relativamente alto, hace que el atleta destaque por encima de los demás. Consiste en no sobresalir por nada especial pero no tener carencias.
Eduardo Sanz, aún estando en activo, hace tiempo que pasó a la historia del deporte navarro con sobresaliente. Este personaje, díscolo en la pista y excelente persona fuera de ella, avaro como el que más a la hora de regalar nada en la cancha y generoso cuando se viste de calle, enemigo patológico a la hora de ganar o perder y el más amigo de sus amigos cuando no hay nada en juego, ha ganado su décimo primer título de campeón navarro. Es el tenista más laureado de largo. Además, sus años victoriosos no han tenido ningún bache, o sea, de once, once.
Dicen que a finales de los ochenta y principios de los noventa, los pelotaris profesionales miraban de reojo a Julián Retegi para adivinar algún gesto de retirada y que les dejara a todos de una vez en paz. El gran Retegui ganó once txapelas y en catorce años no dejó de estar nunca en la final. Una pesadilla. Ese reojo pelotazal se da, desde hace años, en el tenis navarro. Y no hay manera... Eduardo suma y sigue. Y no aparece el gesto por ninguna parte.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
28.AGO.2005
Publicado en Diario de Noticias (29.AGO.2005)
Eduardo Sanz, aún estando en activo, hace tiempo que pasó a la historia del deporte navarro con sobresaliente. Este personaje, díscolo en la pista y excelente persona fuera de ella, avaro como el que más a la hora de regalar nada en la cancha y generoso cuando se viste de calle, enemigo patológico a la hora de ganar o perder y el más amigo de sus amigos cuando no hay nada en juego, ha ganado su décimo primer título de campeón navarro. Es el tenista más laureado de largo. Además, sus años victoriosos no han tenido ningún bache, o sea, de once, once.
Dicen que a finales de los ochenta y principios de los noventa, los pelotaris profesionales miraban de reojo a Julián Retegi para adivinar algún gesto de retirada y que les dejara a todos de una vez en paz. El gran Retegui ganó once txapelas y en catorce años no dejó de estar nunca en la final. Una pesadilla. Ese reojo pelotazal se da, desde hace años, en el tenis navarro. Y no hay manera... Eduardo suma y sigue. Y no aparece el gesto por ninguna parte.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
28.AGO.2005
Publicado en Diario de Noticias (29.AGO.2005)
domingo, 14 de agosto de 2005
EL NIVEL
Sabe cual es su nivel de Tenis? Quiere explicarle a su amigo cómo juega usted y con quién puede jugar y con quién no? Pues mire, en este deporte, lo único que se puede hacer para despejar estas dudas es ponerse delante del otro y empezar a dar raquetazos. Así demostrará usted lo que es capaz de hacer. Con palabras no se puede llegar a ninguna conclusión. Que uno sepa, tan sólo el golf tiene un sistema de clasificación capaz de indicar con uno o dos dígitos el nivel de un jugador en cualquier sitio del mundo.
Si usted se lanza a comprarse una raqueta y a empezar a jugar en su club, verá esto cada vez más claro. Si un día le ponen delante a Eduardo Sanz, campeón navarro durante una década, pensará que el nivel de este monstruo es inalcanzable. Pues bien, el otro día, en el Open de Amaya, un negrito de Togo, apellidado Loglo, le sacó de la pista a sartenazos. Y este jugador, obligado a jugar la fase previa por su bajo nivel, perdió dos rondas más tarde contra un español llamado De la Nava. Y no llegó ni a primera ronda del cuadro final.
En el cuadro grande aparecía, por ejemplo, Javier Genaro, jugador infinitamente mejor que el negrito del principio. Pues este tal Genaro es quien perdió hace días la final del campeonato de España absoluto contra Fernando Verdasco en poco más de tres cuartos de hora (6-1 6-1). Un desnivel tremendo. Bueno, pues si enfrentamos hoy a Verdasco con Nadal o Federer, podremos comprobar que también son niveles distintos.
En Amaya se ha visto un gran nivel y un gran desnivel. En lo que respecta a los jugadores de casa, la conclusión es clara y contundente: mientras el nuestro se levanta a las 7.00 para ir a estudiar o trabajar y, cuando puede, entrena una hora, el otro se levanta más tarde, lleva una dieta concreta, mide su tiempo de entrenamiento en pista (dos, tres, cuatro horas diarias), tiene su sesión de preparación física, su sponsor, a veces su psicólogo y, en fin, todos los medios para lanzarse a triunfar, si bien es justo decir que todos estos medios no garantizan el éxito. Y así no se puede comparar a los jugadores. Podríamos compararlos poniéndoles a todos los mismos medios y circunstancias, pero, afortunadamente, cada uno elige su forma de vida y es responsable de ello.
Y aunque haya que agradecer a la C.D. Amaya el que nos haya acercado este nivel tan alto, uno piensa que no está tan mal eso de levantarse a las 7.00 para ir a estudiar o trabajar.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis.
14.AGO.2005
Publicado en Diario de Noticias (16.AGO.2005)
Si usted se lanza a comprarse una raqueta y a empezar a jugar en su club, verá esto cada vez más claro. Si un día le ponen delante a Eduardo Sanz, campeón navarro durante una década, pensará que el nivel de este monstruo es inalcanzable. Pues bien, el otro día, en el Open de Amaya, un negrito de Togo, apellidado Loglo, le sacó de la pista a sartenazos. Y este jugador, obligado a jugar la fase previa por su bajo nivel, perdió dos rondas más tarde contra un español llamado De la Nava. Y no llegó ni a primera ronda del cuadro final.
En el cuadro grande aparecía, por ejemplo, Javier Genaro, jugador infinitamente mejor que el negrito del principio. Pues este tal Genaro es quien perdió hace días la final del campeonato de España absoluto contra Fernando Verdasco en poco más de tres cuartos de hora (6-1 6-1). Un desnivel tremendo. Bueno, pues si enfrentamos hoy a Verdasco con Nadal o Federer, podremos comprobar que también son niveles distintos.
En Amaya se ha visto un gran nivel y un gran desnivel. En lo que respecta a los jugadores de casa, la conclusión es clara y contundente: mientras el nuestro se levanta a las 7.00 para ir a estudiar o trabajar y, cuando puede, entrena una hora, el otro se levanta más tarde, lleva una dieta concreta, mide su tiempo de entrenamiento en pista (dos, tres, cuatro horas diarias), tiene su sesión de preparación física, su sponsor, a veces su psicólogo y, en fin, todos los medios para lanzarse a triunfar, si bien es justo decir que todos estos medios no garantizan el éxito. Y así no se puede comparar a los jugadores. Podríamos compararlos poniéndoles a todos los mismos medios y circunstancias, pero, afortunadamente, cada uno elige su forma de vida y es responsable de ello.
Y aunque haya que agradecer a la C.D. Amaya el que nos haya acercado este nivel tan alto, uno piensa que no está tan mal eso de levantarse a las 7.00 para ir a estudiar o trabajar.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis.
14.AGO.2005
Publicado en Diario de Noticias (16.AGO.2005)
lunes, 1 de agosto de 2005
EL ATP DE AMAYA
Los grandes eventos deportivos son cada vez más difíciles de organizar. El rigor del ente controlador a nivel internacional, las normas técnicas y las medidas para que el deportista, el árbitro y el espectador se sientan bien y no echen en falta nada durante el espectáculo, parece algo inalcanzable. Pero como la ilusión puede con todo, la fe mueve montañas, querer es poder y todo eso, pues, al final y mediando un agotamiento bárbaro, todo sale como debe salir, o sea, bien.
Realmente hay que tener valor para meterse donde se han metido. Organizar un torneo del ATP Tour no es algo a lo que se atreva cualquiera, Quien vaya estos días a la Ciudad Deportiva Amaya para disfrutar del tenis que nos trae esta gente, va a ver únicamente la carcasa, lo de fuera, lo bonito, vamos, lo que se ve. Detrás de todo esto queda un montón de trabajo y muchas personas que, desinteresadamente, han colaborado y colaboran para que cada cosa aparezca en su sitio y en el momento oportuno. Organizar no es recibir a la gente, dejarla en el hotel y hacerles jugar al día siguiente. Organizar es eso y contratar, gestionar, pagar, cobrar, llevar, firmar, traer, pedir, hablar, sufrir, disfrutar, colocar, citar, ayudar, llamar, recibir y un sinfín de labores que, si se logra llevar a cabo con una sonrisa en la boca, se convierte, por lo general, en éxito rotundo.
En Amaya, David Zabalza y su equipo tienen todo atado. El trabajo que comenzó hace tantos meses está tocando a su fin. Tan sólo queda abrir el escenario y hacer trabajar a los actores. Y al público, al imprescindible público, le queda disfrutar de algo que nunca hemos visto en esta plaza. Por todo ello, es importantísimo, al margen del reconocimiento a los mejores saques, smashes, globos o passings, el aplauso a quienes han hecho posible semejante evento, por su bien hacer, pero, sobre todo, por su generosidad.
JOSEMARI SEXMILO
01.AGO.2005
Publicado en Diario de Noticias. 05.AGO.2005
Realmente hay que tener valor para meterse donde se han metido. Organizar un torneo del ATP Tour no es algo a lo que se atreva cualquiera, Quien vaya estos días a la Ciudad Deportiva Amaya para disfrutar del tenis que nos trae esta gente, va a ver únicamente la carcasa, lo de fuera, lo bonito, vamos, lo que se ve. Detrás de todo esto queda un montón de trabajo y muchas personas que, desinteresadamente, han colaborado y colaboran para que cada cosa aparezca en su sitio y en el momento oportuno. Organizar no es recibir a la gente, dejarla en el hotel y hacerles jugar al día siguiente. Organizar es eso y contratar, gestionar, pagar, cobrar, llevar, firmar, traer, pedir, hablar, sufrir, disfrutar, colocar, citar, ayudar, llamar, recibir y un sinfín de labores que, si se logra llevar a cabo con una sonrisa en la boca, se convierte, por lo general, en éxito rotundo.
En Amaya, David Zabalza y su equipo tienen todo atado. El trabajo que comenzó hace tantos meses está tocando a su fin. Tan sólo queda abrir el escenario y hacer trabajar a los actores. Y al público, al imprescindible público, le queda disfrutar de algo que nunca hemos visto en esta plaza. Por todo ello, es importantísimo, al margen del reconocimiento a los mejores saques, smashes, globos o passings, el aplauso a quienes han hecho posible semejante evento, por su bien hacer, pero, sobre todo, por su generosidad.
JOSEMARI SEXMILO
01.AGO.2005
Publicado en Diario de Noticias. 05.AGO.2005
domingo, 26 de junio de 2005
LA HIERBA
Todos los buenos tenistas tienen muy buena calidad en los dos golpes fundamentales del tenis: el saque y la derecha. Si falla uno de ellos es muy difícil llegar arriba. Sin un buen servicio no se puede llevar la iniciativa en la parte del partido en la que corresponde sacar, que es, ni más ni menos, que la mitad. Sin una buena derecha es difícil acabar los puntos. Y si hablamos del juego en pista de hierba, además hace falta tener una buena volea. Tan importante es la volea en hierba, que el mejor consejo que se le puede dar a un jugador es que procure que la pelota toque lo menos posible el suelo.
Rafa Nadal ha fracasado en Wimbledon. Se esperaba más de él por el recorrido de resultados que llevaba en su mochila. Ahora, a toro pasado, es fácil decir que estaba claro y que todos sabíamos que no iba a triunfar. Su victoria en primera ronda ante Spadea hizo soñar. Pero su segundo partido le hizo bajar, si no a su nivel, sí a algo más parecido a la realidad. Nadal aún no tiene saque para triunfar en la hierba, pero lo tendrá. No se acerca a la red con la seguridad de los que han vencido en Londres, pero la conseguirá. Y no tiene la experiencia de los que llevan años jugando en verde, pero el tiempo se la dará. Y esto no va a tardar mucho, porque Nadal es un hombre que se adapta fácilmente a condiciones distintas. En 2002, siendo cadete y estando jugando en Valencia el Campeonato de España Junior, le llegó una invitación de Wimbledon para jugar el torneo sub-18, que se juega en paralelo al torneo grande. Se fue a Londres, pasando en cuestión de horas de la lentitud de la tierra a nivel del mar a la extrema velocidad del bote en hierba y llegó a semifinales. Eso es categoría.
No se sabe si es bueno querer abarcar tanto campo en un año tan especial como éste. Hay momentos en los que hay que parar para tomar aliento. Sin ir más lejos, en 1988 el jovencito André Agassi explotó y asombró al mundo llegando a semifinales de Roland Garros. Y cuando todo el mundo miraba expectante hacia Wimbledon, Nick Bolletieri, entrenador del estadounidense y de jugadores de la talla de Aaron Krickstein, Jimmy Arias, Mónica Seles o Jeniffer Capriati, se lo llevó a casa, diciendo que aún no estaba preparado para jugar un torneo como Wimbledon. Y el mundo, boquiabierto entonces, ha visto a Agassi triunfar durante más de quince años.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
26 de Junio de 2005
Publicado en Diario de Noticias (28.JUN.2005)
Rafa Nadal ha fracasado en Wimbledon. Se esperaba más de él por el recorrido de resultados que llevaba en su mochila. Ahora, a toro pasado, es fácil decir que estaba claro y que todos sabíamos que no iba a triunfar. Su victoria en primera ronda ante Spadea hizo soñar. Pero su segundo partido le hizo bajar, si no a su nivel, sí a algo más parecido a la realidad. Nadal aún no tiene saque para triunfar en la hierba, pero lo tendrá. No se acerca a la red con la seguridad de los que han vencido en Londres, pero la conseguirá. Y no tiene la experiencia de los que llevan años jugando en verde, pero el tiempo se la dará. Y esto no va a tardar mucho, porque Nadal es un hombre que se adapta fácilmente a condiciones distintas. En 2002, siendo cadete y estando jugando en Valencia el Campeonato de España Junior, le llegó una invitación de Wimbledon para jugar el torneo sub-18, que se juega en paralelo al torneo grande. Se fue a Londres, pasando en cuestión de horas de la lentitud de la tierra a nivel del mar a la extrema velocidad del bote en hierba y llegó a semifinales. Eso es categoría.
No se sabe si es bueno querer abarcar tanto campo en un año tan especial como éste. Hay momentos en los que hay que parar para tomar aliento. Sin ir más lejos, en 1988 el jovencito André Agassi explotó y asombró al mundo llegando a semifinales de Roland Garros. Y cuando todo el mundo miraba expectante hacia Wimbledon, Nick Bolletieri, entrenador del estadounidense y de jugadores de la talla de Aaron Krickstein, Jimmy Arias, Mónica Seles o Jeniffer Capriati, se lo llevó a casa, diciendo que aún no estaba preparado para jugar un torneo como Wimbledon. Y el mundo, boquiabierto entonces, ha visto a Agassi triunfar durante más de quince años.
JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
26 de Junio de 2005
Publicado en Diario de Noticias (28.JUN.2005)
jueves, 16 de junio de 2005
BETIS-OSASUNA: LAS VERGÜENZAS DE UNA FINAL
Para empezar, habría que confesar que quien estuvo en Madrid no se puede arrepentir de haber acudido a semejante cita. Y esto se apoya en muchas razones, como la emoción, la tensión, la intensidad del color, el ambiente sanferminero, la amistad, el encuentro, las cañas y, quizá también, nuestros nuevos amigos, los béticos. Todo maravilloso. ¿Todo? Pues, desgraciadamente, no. Visto desde arriba o desde lejos, todo parece perfecto, pero metido en el mogollón se descubre el barro que hace patinar y perder credibilidad a toda la fantasía creada por unos y por otros. Las vergüenzas de esta final son claras y rotundas.
1ª vergüenza. La borregada. Lo primero que se encontraron los aficionados que fueron en tren al llegar a la capital fue un camino custodiado y dirigido hacia una carpa, seguramente pactada por los Delegados del Gobierno, donde había que recluir a todos estos rojos (en todos los sentidos) para que no rompieran nada. Patxi Izco, que se averguenza de estos sujetos, que por cierto, son los sujetadores de Osasuna, ya estaba tranquilo. Mientra tanto, los béticos se divertían en los mesones y tascas del Madrid más castizo y menos artifical.
2ª vergüenza. Las entradas. La vista no engaña. Salvo los daltónicos, todos pudieron comprobar la diferencia de masa roja y masa verde. Si esto se explica de antemano y se hace entender a unos y a otros que lo lógico es dar más a un club con cuarenta mil socios que al otro con trece mil, se puede llegar a pactar cualquier cosa. Pero que se mienta, sabiendo que se va a descubrir el pastel, es de una torpeza histórica. Lo que ocurre es que no sabemos quién ha engañado, si la Federación Española u Osasuna. De cualquier forma, una vez más, nuestro club ha quedado como Cagancho.
3ª vergüenza. Los precios. Ya sabemos que es una final de Copa, que es algo que se da una vez al año, que el fútbol es caro y todo eso, pero no hay derecho a que el día que más te cuesta ir al fútbol, porque te lo ponen a cuatrocientos kilómetros, sea el día que más se aprovechan para sacar dinero. Cobrar la entrada más barata a cuarenta euros es un escándalo y le recuerdo, por si la cifra de cuarenta no le dice nada, que cuarenta euros son más de seis mil seiscientas pesetas. Una pasada.
4ª vergüenza. Los bares del Vicente Calderón. Si las anteriores vergüenzas son grandes, esta supera lo imaginable. Un poco antes del descanso, en los bares del estadio no quedaba nada. Sí, sí, ha leído bien: nada. La necedad supina de los arrendatarios de los bares del estadio, provocó colas en los grifos de los servicios. Y lo que realmente provocó fue la renuncia a una jornada como para llenar la caja hasta reventar. Y quieren organizar una Olimpiada...
5ª vergüenza. La actitud de los de siempre. Para quien fue a ver un partido de fútbol sin más, le habría sorprendido la conducta de los mandos de la Policía Nacional. Colocar, al principio, policía solamente en el lado rojo parece una incongruencia y más conociendo la película. Y acercar la policía al lado rojo, con cascos y escudos, cuando se dan incidentes entre jugadores y público en el lado verde, es de locos.
Pero, al final, todo salió bien... salvo el resultado. Uno piensa que el premio era estar allí. Y la lección de comportamiento de la afición rojilla fue de emocionar a cualquiera. Una vez más, el nivel de la afición superó al del equipo. Aplaudir como se aplaudió al rival y respetarle como se le respetó, debería ser lo habitual en este, a veces, absurdo mundo del fútbol. Y para siempre nos quedará eso, que el 2005 fuimos a Madrid y aunque se nos dirigió como borregos, se nos estafó, se nos atracó, se nos intentó matar de sed y se nos provocó, volvimos con el orgullo de haber llamado la atención de todos por nuestro saber estar. Esa lección no se debe olvidar y tendría que seguir latente en el próximo curso para que todos la estudien y la aprueben. Y para que la aprendan los que vienen detrás.
Josemari Sexmilo
16 de junio de 2005
Publidado en Diario de Noticias (18.JUN.2005)
1ª vergüenza. La borregada. Lo primero que se encontraron los aficionados que fueron en tren al llegar a la capital fue un camino custodiado y dirigido hacia una carpa, seguramente pactada por los Delegados del Gobierno, donde había que recluir a todos estos rojos (en todos los sentidos) para que no rompieran nada. Patxi Izco, que se averguenza de estos sujetos, que por cierto, son los sujetadores de Osasuna, ya estaba tranquilo. Mientra tanto, los béticos se divertían en los mesones y tascas del Madrid más castizo y menos artifical.
2ª vergüenza. Las entradas. La vista no engaña. Salvo los daltónicos, todos pudieron comprobar la diferencia de masa roja y masa verde. Si esto se explica de antemano y se hace entender a unos y a otros que lo lógico es dar más a un club con cuarenta mil socios que al otro con trece mil, se puede llegar a pactar cualquier cosa. Pero que se mienta, sabiendo que se va a descubrir el pastel, es de una torpeza histórica. Lo que ocurre es que no sabemos quién ha engañado, si la Federación Española u Osasuna. De cualquier forma, una vez más, nuestro club ha quedado como Cagancho.
3ª vergüenza. Los precios. Ya sabemos que es una final de Copa, que es algo que se da una vez al año, que el fútbol es caro y todo eso, pero no hay derecho a que el día que más te cuesta ir al fútbol, porque te lo ponen a cuatrocientos kilómetros, sea el día que más se aprovechan para sacar dinero. Cobrar la entrada más barata a cuarenta euros es un escándalo y le recuerdo, por si la cifra de cuarenta no le dice nada, que cuarenta euros son más de seis mil seiscientas pesetas. Una pasada.
4ª vergüenza. Los bares del Vicente Calderón. Si las anteriores vergüenzas son grandes, esta supera lo imaginable. Un poco antes del descanso, en los bares del estadio no quedaba nada. Sí, sí, ha leído bien: nada. La necedad supina de los arrendatarios de los bares del estadio, provocó colas en los grifos de los servicios. Y lo que realmente provocó fue la renuncia a una jornada como para llenar la caja hasta reventar. Y quieren organizar una Olimpiada...
5ª vergüenza. La actitud de los de siempre. Para quien fue a ver un partido de fútbol sin más, le habría sorprendido la conducta de los mandos de la Policía Nacional. Colocar, al principio, policía solamente en el lado rojo parece una incongruencia y más conociendo la película. Y acercar la policía al lado rojo, con cascos y escudos, cuando se dan incidentes entre jugadores y público en el lado verde, es de locos.
Pero, al final, todo salió bien... salvo el resultado. Uno piensa que el premio era estar allí. Y la lección de comportamiento de la afición rojilla fue de emocionar a cualquiera. Una vez más, el nivel de la afición superó al del equipo. Aplaudir como se aplaudió al rival y respetarle como se le respetó, debería ser lo habitual en este, a veces, absurdo mundo del fútbol. Y para siempre nos quedará eso, que el 2005 fuimos a Madrid y aunque se nos dirigió como borregos, se nos estafó, se nos atracó, se nos intentó matar de sed y se nos provocó, volvimos con el orgullo de haber llamado la atención de todos por nuestro saber estar. Esa lección no se debe olvidar y tendría que seguir latente en el próximo curso para que todos la estudien y la aprueben. Y para que la aprendan los que vienen detrás.
Josemari Sexmilo
16 de junio de 2005
Publidado en Diario de Noticias (18.JUN.2005)
domingo, 5 de junio de 2005
GRANDE
Los Grandes del Tenis se diferencian de los demás por haber ganado, al menos una vez en la vida, un torneo del Grand Slam. Quien gana Wimbledon, Roland Garros, US Open o Australia, pasa directamente a la historia. Es como los escritores que ganan un gran premio y se inflan de vender y de sacar ediciones. Pues aquí, en el Tenis, es parecido; los accesit no valen. O todo o nada. La historia nunca reconocerá aquella victoria moral o aquel parón por la lluvia que tanto perjudicó a Fulano. La historia es seria y cruel a la vez. Sólo habla de los que ganan.
Rafa Nadal ha entrado en el mundo de los Grandes por la puerta principal y, como los más grandes, muy temprano. La leyenda de Borg, Wilander o Chang se repite y, de paso, garantiza un excelente futuro; o sea, que lo de ganar un Grand Slam en ningún caso es flor de un día. No en vano, quien gana un año tiene su sitio de por vida en el protocolo del Torneo.
Roland Garros 2005 ha aportado algunas peculiaridades técnicas. Y cuando se trata de técnica hay que pensar en los que empiezan, en los más pequeños, y sacar conclusiones para que se extraiga lo mejor y luego se pueda aplicar. Por ejemplo, habría que decir a padres y entrenadores que hagan mirar al niño hacia otro lado cuando saca Mariano Puerta, que así, técnicamente hablando, sólo saca él y algunos domingueros. Que miren y remiren a Federer, un hombre-método, un jugador que es una constante lección de cómo y con qué elegancia se deben ejecutar los gestos deportivos en una disciplina tan complicada como el Tenis. Y que se fijen en el campeón 2005, un tipo que con “sólo” una gran derecha y un cerebro así de grande ha puesto patas arriba el torneo más importante, para algunos, del mundo.
Quienes han llegado a la categoría de Grande tienen unas características especiales, pero hay dos que son, sin duda, básicas. Las ganas de triunfar es la primera y Nadal, aunque diga que sólo quiere disfrutar, tiene su sueño en lo más alto del podium. La otra es la humildad, esa virtud que no se prodiga demasiado en el mundo del Deporte de élite y que es algo fundamental. Parece ser que Nadal la tiene por toneladas. De hecho, al acabar su semifinal con Federer, reconoció que el suizo seguía siendo el mejor. Chapeau.
Josemari Sexmilo
5 de Junio de 2005
Publicado en Diario de Noticias el 6.JUN.2005
Rafa Nadal ha entrado en el mundo de los Grandes por la puerta principal y, como los más grandes, muy temprano. La leyenda de Borg, Wilander o Chang se repite y, de paso, garantiza un excelente futuro; o sea, que lo de ganar un Grand Slam en ningún caso es flor de un día. No en vano, quien gana un año tiene su sitio de por vida en el protocolo del Torneo.
Roland Garros 2005 ha aportado algunas peculiaridades técnicas. Y cuando se trata de técnica hay que pensar en los que empiezan, en los más pequeños, y sacar conclusiones para que se extraiga lo mejor y luego se pueda aplicar. Por ejemplo, habría que decir a padres y entrenadores que hagan mirar al niño hacia otro lado cuando saca Mariano Puerta, que así, técnicamente hablando, sólo saca él y algunos domingueros. Que miren y remiren a Federer, un hombre-método, un jugador que es una constante lección de cómo y con qué elegancia se deben ejecutar los gestos deportivos en una disciplina tan complicada como el Tenis. Y que se fijen en el campeón 2005, un tipo que con “sólo” una gran derecha y un cerebro así de grande ha puesto patas arriba el torneo más importante, para algunos, del mundo.
Quienes han llegado a la categoría de Grande tienen unas características especiales, pero hay dos que son, sin duda, básicas. Las ganas de triunfar es la primera y Nadal, aunque diga que sólo quiere disfrutar, tiene su sueño en lo más alto del podium. La otra es la humildad, esa virtud que no se prodiga demasiado en el mundo del Deporte de élite y que es algo fundamental. Parece ser que Nadal la tiene por toneladas. De hecho, al acabar su semifinal con Federer, reconoció que el suizo seguía siendo el mejor. Chapeau.
Josemari Sexmilo
5 de Junio de 2005
Publicado en Diario de Noticias el 6.JUN.2005
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