jueves, 10 de abril de 2008

CREDIBILIDAD

En el mundo del deporte no hay nadie que quiera que gane siempre el mismo. El relevo continuo de campeones enriquece la actividad, genera más ingresos y hace a la gente creer en lo que está viendo. La credibilidad es fundamental en el mundo del deporte. Después de todo lo que nos ha tocado ver en los últimos años, es bueno considerar que el ganador no vence por su preparación extradeportiva, sino por su entrenamiento y alimentación. La credibilidad lo es todo y Nadal y Federer están colaborando a que la gente trague que todo esto es real, que no hay trampa y que, cuando toca, se derrumba su proyecto, como el de cualquier ser humano.

Nadal ha perdido en Miami. ¿Por qué? Pues, hombre, primero porque es eso, humano, con todo lo que conlleva tal condición. Pero a nivel técnico hay también explicación. En la final, el manacorí no tuvo un gran día y su oponente ruso sí. Davydenko, aunque ganó menos puntos directos de saque, consiguió un porcentaje elevadísimo de puntos cuando sacó, tanto con su primer saque como con el segundo. El saque marca mucho en un partido y es especialmente importante en superficies rápidas.

Por otra parte, el ruso tuvo cinco oportunidades de romper el servicio de su oponente y aprovechó cuatro, algo definitivo a estos niveles. Rafa hizo un break de tan sólo tres oportunidades. Estas dos claves son muy importantes, pero hay algo que marca la trayectoria puntual de un jugador y que se debe destacar. Quien gana no es necesariamente el mejor; es el mejor de esa semana. Davydenko tuvo la “fortuna” de sufrir mucho en las tres primeras rondas. Ganó en el set de desempate los tres días y eso, si se supera físicamente, es bueno para un jugador, porque ese sufrimiento le hace alcanzar un momento psicológico altísimo y una puesta a punto fantástica.

Ahora toca Copa Davis, una competición que sí que crea un gran ambiente de credibilidad, porque aquí, por mucho favorito que haya, se rompen los pronósticos habitualmente. España tiene al 2 y al 5 de la clasificación mundial. Alemania tiene al 25 y al 47. Las cuentas parecen claras, pero quizá durante el fin de semana nos acordemos del tema de la credibilidad.


JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
10 de Abril de 2008
Publicado en Diario de Noticias (11.ABR.2008)

martes, 18 de marzo de 2008

CÓDIGO DE CONDUCTA

Es cierto que todos nos hemos divertido con los shows de Mac Enroe en sus mejores años, con las protestas de Iván Lendl cuando no tenía nada de qué protestar o con las patrañas de Ilie Nastase, el rumano que dudó de la célula fotoeléctrica en Wimbledon. El mal comportamiento del deportista tiene bastante de atractivo y mucho de morbo para el espectador. Que estos multimillonarios mimados socialmente y tratados como auténticos dioses por prensa y grada, se manifiesten tan parecidos a ese ser humano que discute con la novia en la parada del autobús, no deja de ser atractivo, divertido y cercano. Sobre todo cercano. Pero, por mucho que nos atraiga, divierta y acerque, no deja de ser algo que hay que evitar porque, entre otras cosas, no es un buen ejemplo para quien quiere aprender de los mejores.

La Federación Navarra de Tenis está preocupada. Las actuaciones de jugadores y jugadoras de nuestra Comunidad que no cumplen las más elementales normas de educación deportiva, la conducta de algunos padres que no están preparados para ver a sus hijos competir y la dejación de funciones de los Jueces Árbitros, hacen que la situación sea, al menos, preocupante. Y la Federación anuncia medidas disciplinarias para atajar esta serie de espectáculos, unas medidas que, por otra parte, no deberían ni anunciarse, sino aplicarse siempre que hiciera falta. El Código de Conducta que rige en todo el Estado es muy claro y contempla todo tipo de situaciones, su gravedad y sus sanciones; lo que pasa es que por una cosa o por otra, porque somos como una familia, porque no nos queremos enfadar unos con otros, porque no queremos perjudicar a Fulano o a Mengano, el hecho es que el Código no se aplica y eso no está bien. Porque si algo ha evolucionado en el mundo del tenis, ha sido el comportamiento de los jugadores profesionales. Ahora es difícil ver un mal gesto, una protesta airada o un enfrentamiento con el público; y ese cambio en la conducta del jugador se debe, nada más y nada menos, que a la aplicación de un Código de Conducta que sólo exige al jugador que vaya decentemente vestido, que llegue a la hora a pista, que no desprecie a nadie, que no se cague en nada, que no rompa nada y que no se comunique con el público; o sea, que sea normal.

¿Y Mc Enroe, Lendl y Nastase habrían sobrevivido al Código? La respuesta es muy clara: sí. Ni el norteamericano la habría montado, ni el checo habría protestado, ni el rumano habría desafiado a la tecnología, por la sencilla razón de que el Código de Conducta no perdona a nadie y tendrían que haber elegido entre ser profesionales del tenis o del espectáculo. Y, hoy por hoy, da más dinero el tenis.



JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
18 de Marzo de 2008
Publicado en Diario de Noticias (20.MAR.2008)

martes, 29 de enero de 2008

SORPRESA, SORPRESA

La impresión del aficionado cuando no gana el favorito es que la competición está viva, que no se ha anclado en algo inamovible y que se puede apostar. Por una parte es bueno que los mejores lleguen a la última ronda porque la competición debe hacer justicia al mejor. Pero ¿quién es “el mejor”, el que habitualmente gana o quien en un momento dado destaca por encima de todos?

En Australia, Djokovic y Tsonga han sido mejores que Federer y Nadal. Todo tiene su explicación técnica y se puede argumentar.

¿Por qué ganó Djokovic a Federer? El partido fue muy igualado, aunque el resultado parece indicar lo contrario, ya que el suizo no pudo ganar ni un solo set. Empataron en errores no forzados (32 cada uno), el serbio sacó algo mejor pero hizo más dobles faltas, los dos sacaron exactamente a la misma velocidad de promedio (191 km/h.), incluso cuando subieron a la red ganaron casi los mismos puntos (22-19 a favor de Federer). Entonces, ¿dónde está la clave? A este nivel y tal y como sacan estos jugadores, la respuesta puede estar en los breaks (rotura de servicio). A Djokovic le bastó con aprovechar más las oportunidades (4 de 11) que Federer (2 de 9). Esos dos puntos definen el resultado final (7/5 6/3 7/6)

¿Por qué ganó Tsonga a Nadal? Aquí las diferencias fueron mayores. El francés es un hombre que se la juega constantemente. De hecho, cometió 27 errores no forzados por tan sólo 12 Nadal. Estos son los únicos números favorables al español, aunque la razón es muy sencilla: el que arriesga a estos niveles, falla mucho, pero también acierta. Tsonga hizo 49 winners (golpes ganadores) y Nadal se quedó en 13; demasiada diferencia para poder neutralizar con otras estadísticas. Pero en lo que destacó este hombre, al margen de otras ventajas numéricas sobre Nadal, es que cuando metió su primer saque y como consecuencia de éste, ganó casi siempre el punto (86%). Y esto no fue sólo en este partido, porque en todo el torneo ha jugado con porcentajes parecidos.

Todo esto da a entender que no hay “mejores” eternos. El mensaje es claro para todos esos deportistas que no creen en sus posibilidades y se abandonan cuando se trata de derrotar al superior. Hay que trabajar hasta el final, porque en la competición, desde la élite hasta el deporte escolar, el que se descuida fracasa. Y no tiene ninguna gracia perder por falta de espíritu ganador. O por no tener ganas de tenerlo.



JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
29 de Enero de 2008
Publicado en Diario de Noticias (30.ENE.2008)

domingo, 2 de diciembre de 2007

DIOS

Hay cosas que no cansan al ser humano aunque se le meta dosis diarias, repetitivas y, aparentemente, tediosas. Y es que, por mucho que se diga, lo bueno no aburre. Lo que aburre a las personas es lo malo (algunos futbolistas de Primera División), lo pesado (las repetitivas declaraciones de los políticos) y lo soez (el Tomate de Tele 5). Lo bueno, se mire por donde se mire, gusta a todo el mundo y cada uno lo busca a su manera.

Otra vez hay que hablar a final de año de Roger Federer. El resumen del año tenístico se llama así, Federer, y no hay más que hablar. El suizo va camino de batir todos los records y parece ser que lo conseguirá en poco tiempo por dos razones: sigue mejorando su juego y tiene una edad en la que se mezclan los dos factores más importantes en el cenit del deportista: físico y madurez.

Federer no tiene agujeros. Analizando su juego, se llega a la conclusión de que es mejor aún que Sampras, que fue, sin duda, el más grande de la historia. Si su saque es bueno, su derecha es mejor, su aceleración de revés no perdona, cuando sube a la red llega con la tarea hecha desde media pista y, además, tiene un ritmo tal que da la impresión de que está más tiempo en el aire que pisando la pista.

Y aparte de lo deportivo, parece que va a batir records en lo personal, porque uno no recuerda un tipo tan normal como éste, llevando una vida tan anormal. Federer es un auténtico fair player, un jugador que jamás da problemas a árbitros ni contrarios y que jamás hace declaraciones conflictivas. Es elegante, educado, guapo, alto, limpio, atento, simpático, en fin de todo. Uno piensa que algo malo tendrá, porque si no habría que tirar por tierra aquello que nos enseñaron los curas en el colegio de que Dios es justo.

Es triste, pero algún día lo veremos con cara de sufrimiento, agonizando, como le vimos a Miguel Induráin en aquel Tour del 96, cuando, con ese rictus, nos venía a decir que eso se acababa, que lo sentía mucho pero que la vela se iba a apagar de un momento a otro. Y aunque ahí sí que Dios es justo, no deja de ser una faena que esto se acabe. Que el mundo (no el mundo del tenis, sino el mundo en general) tenga a mano un personaje de la categoría del suizo es todo un lujo. Porque, aparte de patrocinar una campaña contra la transmisión del Sida de madres a hijos y, a la vez, trabajar en la marcha de su Fundación para atender a los niños desamparados de Suráfrica, transmite una imagen que a todos nos gustaría estirar como un chicle para alargarla lo máximo posible.

Pues si Dios es como nos lo pintaron los curas en el colegio, no estaría de más pedirle que él mismo estirara el chicle y tuviéramos Federer para años.


JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
2 de Diciembre de 2007
Publicado en Diario de Noticias (6.DIC.2007)

lunes, 5 de noviembre de 2007

MARTINAS

Que las apariencias, a veces, engañan no es ningún secreto. A todos nos ha dejado alguna vez helados la vida de los demás, cuando creíamos una cosa y resulta que era otra. El raspao a fin de mes con cochazo impresionante y el podrido de dinero en alpargatas, no son casos demasiado extraños en nuestra sociedad. Habría que ver lo que hay por ahí.

Martina Navratilova se lanzó sin red cuando declaró su homesexualidad. Para algunos (ojalá los más) fue una mujer valiente y digna de cualquier alabanza por declararse lesbiana en un mundo que aún no lo entendía muy bien. Era principio de los 80 y hubo demasiada gente que no le quiso comprender y le dio la espalda. Ahora Martina se dedica a proyectos humanitarios y de protección a la infancia.

A Martina Hingis le viene el nombre de la adoración que sentía su madre por la Navartilova. No lo dudó y le puso Martina, quizá pensando que eso le iba a ayudar a ser una estrella mundial. Y la verdad que lo fue, sin llegar a lo que hizo su homónima, pero lo fue. Además, siempre estuvo acompañada por mamá que, según declaraciones de la niña, era, a parte de su entrenadora, su mejor amiga (¿). Siempre tuvo pinta de buena chica y buena hija. Ahora dice que se va, que le acusan de consumir cocaína y que prefiere abandonar. Uno piensa que es lo mejor que puede hacer un personaje así cuando le pillan con la nariz blanca.

Es difícil juzgar a quien se droga, porque, al fin y al cabo, cada uno hace lo que le da la gana mientras no moleste a los demás. Pero el problema aquí (y por eso es mejor que se vaya) es el ejemplo tan desastroso para esos chavales que quieren verse reflejados en sus ídolos y que quieren llegar a ser como ellos. Hingis estará muy dolida, pero el mundo del deporte lo está más. No se puede acabar una carrera con 43 títulos, 3 Open de Australia, un Wimbledon y un US Open de esa forma, tirando por tierra todos los valores que acompañan al deporte, todos los beneficios que reporta a la juventud y todas las ilusiones de niños y viejos. Es el peor mal que se puede hacer al deporte.

Y mientras tanto, Navratilova, la mala, la lesbiana, dejándose los dineros en ayudar a los demás. Siempre fue mejor ésta.


JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
5 de Noviembre de 2007
Publicado en Diario de Noticias (6.NOV.2007)

lunes, 22 de octubre de 2007

SOÑAR

Si algo vuelve fantasioso al ser humano es el sueño de lograr algo que no es fácil de alcanzar. El niño sueña con ser Ronaldinho, el adolescente con conquistar a esa amiga que no le hace ni caso, el adulto con una Primitiva, el jubilado con que le escuchen y así, para bien o para mal, todos soñamos con algo bueno. Soñar es gratis y, además, es imposible hacer mal a nadie porque, al fin y al cabo, es una fantasía individual.

Nalbandián soñó que podía ganar la final al suizo más laureado de la historia y que “tan sólo” se tenían que dar algunas circunstancias. Y se dieron; vaya que si se dieron. En principio, Federer tenía que jugar mal y jugó mal. En segundo lugar, él tenía que jugar muy bien y lo hizo. Y además, en caso de ir perdiendo, no tenía que perder la fe en sí mismo y no debía claudicar. Nalbandián sabía que eso ero lo más importante y, al fin y a la postre, es lo que pasó en la cancha. El sueño se hizo realidad porque el argentino no se “cayó” en ningún momento.

Es un hombre peculiar Nalbandián. Tan pronto se coloca el número tres del mundo como engorda un montón de kilos y baja escandalosamente en la clasificción mundial. Es el hombre al que llamó la ATP para jugar el Masters de Shangai del 2005 y le pillaron pescando en el mar (ya llevaba diez días de vacaciones) y fue renegando hasta Asia y llegó y, sorprendentemente, fue ganando partidos hasta meterse en la final (precisamente contra Federer) y ganó, lo que tira por tierra la teoría de que sin entrenamiento no hay victoria.

La lección que nos dejó Nalbandián en Madrid es muy clara y más en un deporte con un sistema de puntuación que, a veces, da ganas de pisotear la memoria del que lo inventó (precisamente, en la final cada jugador ganó los mismos puntos: 78). Un buen deportista no debe nunca abandonar. El partido dura hasta el final y no soñar con ganar es perder el respeto al público, al contrario y, lo que es peor, a uno mismo. Nalbandián soñó que ganaba y ganó. Ése es el mensaje.




JOSEMARI SEXMILO
Entrenador Nacional de Tenis
22 de octubre de 2007
Publicado en Diario de Noticias (23.OCT.2007)

jueves, 14 de junio de 2007

CLAVES

En el deporte todos los días hay victorias y derrotas; y todas ellas van acompañadas de razones para poder entender el sentido del resultado. Son las claves. Nunca se gana o se pierde porque sí. Siempre hay un razonamiento y es muy interesante buscarlo. Deducir por qué he ganado o he perdido tiene algo de racional y algo de experimental. La vía racional es fácil de entender. La vía experimental nos indica por dónde tenemos que ir o qué es lo que no tenemos que hacer en el futuro.

Nadal ha ganado cumpliendo el pronóstico. Lo que pasa es que los pronósticos son eso, pronósticos, y en cualquier momento se pueden derrumbar. Pero en este caso el pronóstico se ha impuesto. Pero, ¿por qué ganó Nadal el domingo pasado?, ¿cuá fu la clave? Todo tiene su explicación.

En primer lugar, la consistencia (capacidad de mantener la pelota en juego sin fallar y a un ritmo trepidante) de Nadal es cada día más firme. No en vano, declaró Federer el mismo domingo: “Nadal te obliga a fallar”. Nadal no falla, gana pocos puntos pero no comete los errores que los demás cometen.

También es una clave importante que el momento del mallorquín es excelente y ha coincidido en fechas con el torneo de París. Además, el cambio de mentalidad y de técnica que ha sufrido esta temporada, le hizo ser mucho más agresivo, con lo que eso conlleva a estos niveles.

Y la tercera clave quizá sea la más importante: el físico. Cuando Nadal perdió en Hamburgo la final con Federer, se habló del aspecto físico como algo determinante (tras su maratoniana semifinal con Hewitt). Y lo fue. Ahora en París, aunque se juega a cinco sets, se descansa 24 horas después de cada partido y eso es importante. Nadal no sufrió excesivo desgaste en rondas anteriores y, además, descansó. Así que se plantó en la final contra Federer descansado, con un partido al mejor de cinco sets y con calor. Todo a favor.

Ahora, en Wimbledon, es probable que no tenga tanto calor y es seguro que el juego será mucho más rápido. Las claves cambian y hay que hacerse a las variaciones que se sufren de una competición a otra. Nadal va a sufrir en todos los aspectos, incluso en el trato del público, porque ni franceses ni ingleses quieren ese juego mediterráneo, tan lento, tan defensivo, tan poco vistoso. Pero aquí lo que cuenta es grabar el nombre en el trofeo y qué más da si, al más puro estilo Induráin, ni se sabe atacar ni se sabe hablar y, mientras tanto, se gana. Pues eso, mal que les pese, es lo que cuenta. El año pasado Nadal ganó Roland Garros y jugó la final en Londres. Las claves están claras. Ahora lo que tiene que acompañar es la suerte. Y, a ser posible, el público.


JOSEMARI SEXMILO
Entrendor Nacional de Tenis
14 de junio de 2007